Extraña vecindad


"La danza surge como intensificación de los movimientos cotidianos". Es una extendida hipótesis antropológica que suena familiar en esta "Extraña vecindad". De la hipérbole, de la gratuidad de los movimientos, surge una danza más bien formada por los desplazamientos: un paso demasiado corto, un gesto demasiado amplio; un abrazo intrincado, hibridado con el rito de servir el café; una serie de momentos bellos e inútiles, ceremoniales.

Con esos desplazamientos llaman y burlan la fatalidad. Tironean de los ejes de su hogar, tiran líneas de fuga, juegan a la tensión constante con los muebles, con las vigas, entre ellos. Mezcla imposible de torpeza y destreza, estas criaturas buscan sin tregua las combinaciones más inestables: combinaciones de posición, movimiento, contacto, que componen esas vecindades a cuya exploración se ven dispuestos a dedicar la vida. Unas vecindades de frágiles pero suficientes apoyos que necesariamente (pareciera) deviene tango.

Esa vida incotidiana –empujada hasta el borde siempre presente, gran protagonista arquitectónico de la vecindad (a la vez lugar y relación)–, teñida de vapor, dorada por aromas familiares, llevada al ritmo de una percusión primigenia, da a luz, no sin esfuerzo, a una danza del regreso, del reencuentro (a distancias variables) con el hogar y sus lugareños.

EXTRAÑA VECINDAD

Creación, dirección e interpretación: Virginia Ravenna y Sandro Nunziata
Escenografía: Sandro Nunziata
Asesoramiento en iluminación: Agustín Garbellotto
Fotografía: Isabel Olascuaga y Silvina Guevara
Diseño gráfico: Martín Malamud

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