"La mirada del artista puede ser crítica, pero no es nunca acusatoria ni resentida." Roland Barthes

martes, 12 de abril de 2016

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Este blog funciona pequeñamente en una constelación compuesta por pares y grandes medios. Muchos, casi todos, establecen con claridad, ante nada, infaliblemente, cuán bueno es un espectáculo. Los premios hacen su parte. Los nombres de actores y autores tiran para el mismo lado. ¿Tengo obligación/necesidad de pronunciar un juicio binario y unirme así a una u otra corriente de la gran masa parlante?

¿Puedo decidir desde este blog pequeño que haya un punto ciego y que sea justamente mi opinión/juicio/parecer respecto de cuán buena o de cuánto disfruté una obra? ¿Puedo permitirme suponer que de toda obra hay algo que decir y que cuánto y qué puedo decir habla al lector de cuán buena/disfrutable puede resultarle la obra (al lector, no a mí) que aún no la presenció? ¿No ayudaría eso a ejercitar la lectura entre líneas, la frecuentación de una fuente crítica para conocerla y saber a qué atenerse, la combinación de varias fuentes para ir delineando un pronóstico de la obra no vista? ¿Puedo tomarme el atrevimiento de suponer que los lectores pueden ser buenos lectores y desplazar el foco del juicio de la obra a ellos?


¿O puedo tal vez proponer una lectura a posteriori que enriquezca la experiencia, que la prolongue, permita revisitarla y ofrezca una línea de pensamiento sobre la cual transitar, un texto como si se tratase de la voz de una amistad con la que discute la obra a la salida?

¿Debo mencionar nombres escritos en gacetillas, aplaudir con palabras lo ovacionado en la sala, declamar apellidos galardonados por la crítica, y callar todo lo que se ignora? ¿No es más amoroso hablar de la obra, pensarla y honrarla como trabajo, y en este blog pequeño permitir un espacio que no reproduzca tan servilmente (porque no me creo exenta de traspiés) los mecanismos más obvios de consagración?

No dejo de pensar que hay obras buenas y obras malas, obras bien hechas y obras mal hechas, y un infinito abanico entre ambas. Y si esto fuera ciencia cierta, compartiría mis descubrimientos en tablas cruzadas con calificaciones de números decimales, pero no es el caso y me rehúso a creer que las obras no tengan derecho a hablarnos por 30, 60, 90 minutos aunque no manejen con maestría el idioma.